Poesía: Madrugada

Madrugada

Noté tu cálida presencia en el más absoluto de los silencios, en ese espacio infinito donde no existe apenas el tiempo.

Eran tus manos las que besaban todo mi cuerpo y era tu voz la que acariciaba mis oídos y erizaban mi pelo.

Apareciste mágicamente en la paz de la noche y entonces comprendí que eras el fruto de mis más sentidos anhelos.

La madrugada nació entre mis sueños cuando sentí con fuerza el palpitar de dos corazones que se unían en nuestro pecho.

Fue el reencuentro de dos almas viejas y enamoradas en lo infinito, que volvieron a sentir juntas y a renovar lo vivido en tierras y cielos.

Francisco Gallardo Perogil

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